Ser uno mismo. Vivir la verdad de uno mismo.
Cuando exploramos el mostrarnos tal y como somos, tocamos emociones profundas, primarias. Aparecen de forma inmediata quizás el miedo, la vergüenza, el no sentirnos válidos, la mirada del otro como un juez implacable...
Pero qué pasaría si nos atreviésemos a dar un salto al otro lado de todo eso?
Si atravesásemos el umbral que nos separa de lo desconocido, descubriríamos que lo que nos espera allí no es el vacío, sino la libertad de Ser, la ligereza de habitar nuestra verdad sin máscaras.
Ser uno mismo no es una meta, sino un retorno. Un volver a casa, a la voz que ya estaba antes de todo juicio.
Hoy, elige escucharte.