La sensación de que no hay salida no es más que la antesala de un cambio inminente

La sensación de que no hay salida no es más que la antesala de un cambio inminente

Si durante un periodo prolongado no somos capaces de ver la vía de resolución para aquello que nos angustia y nos hace sentir atrapados... nos apagamos lentamente. 

Dejamos de pertenecer al bando creador, al bando de la alegría, al de los buscadores incansables de la respuesta al misterio.

Sin embargo, la sensación de que no hay salida no es más que la antesala de un cambio inminente, es la presa que sostiene un volumen de agua inmenso, que buscará salir aunque el precio sea romperse en el camino.

En esos momentos, y de forma paulatina, la Vida nos conduce a un punto en el que cada vez es menos lo que hay que perder, para que el impulso del cambio, del animarse, tenga una chance de éxito mayor.

Y esa vía de resolución, hasta ahora desconocida, o quizás vista como inalcanzable, empieza a sentirse más cercana...

Si somos valientes, si abrazamos el reto una vez vislumbrado... aparece el milagro.

No significa quizás una solución concreta, pero tal vez si algo aún más valioso: el sabernos jugando, participando activamente de la elección del rumbo de nuestra existencia.

La Vida se maneja con el requisito de la POSIBILIDAD. La implica.

Necesitamos una puerta abierta, sentir que elegimos, para conectarnos con ella.

 

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